Larga vida a los payasos: “No es una tragedia no llegar a fin de mes”

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Sobre las tablas de un teatro, en la calle, en su academia… así nació, trabaja y vive el payaso Falín Galán (Jerez, 1978), director de ‘Botarate’, la tercera escuela de clown de España. Si te rechazan, eso es un reflejo de lo que está sintiendo. Si sales al escenario con la intención de que la gente te quiera, es imposible fracasar, afirma. 

“Yo creo que los vivos están muertos, y los muertos viven, pero no como lo creen los protestantes y los católicos”.

Opiniones de un payaso, Heinrich Böll.

 

Vive solo, rodeado de naranjos en una casita a las afueras del pueblecito sevillano de Brenes. De alquiler, claro: “Si compro algo será un cachito de España, de tierra, en el que hacerme una chabola”, espeta. El ruido del tren le ancla a la realidad. Su hogar casi siempre está lleno de gente. Además, tiene tres hijas maravillosas. “Dos de ellas son mellizas, no es que sea del Opus ni nada de eso”, bromea. Ellas le toman muy en serio, de eso se encarga el propio papá del que se sienten muy orgullosas. “Están deseando que empiece el cole para que le pregunten a qué me dedico y decir que soy payaso”.

Rafael M. Galán ‘Falín’, soñaba con tener una banda y fracasó en el intentó: “No nos comíamos nada”. Resultó ser un bailarín frustrado. Tampoco le fue muy bien en otras empresas. Algo lógico pues realmente, era y es un payaso de vocación, aunque en sus primeros años de la edad adulta lo ignoraba. Después de ser animador y tras trabajar siete años como educador social en El Vacie “sufriendo” hasta acabar “reventado”, se dio cuenta de que esa no era su guerra.

En 2002 junto a dos amigos – Manuel Ribera ‘Poga’ y Juande Ibáñez– formó la compañía de teatro ‘El calvo invita’ cuyo éxito fue incontestable y pasó a llamarse Falín Galán. Un día “alguien dijo que éramos muy clown. Hice un curso gracias al cual empecé a ponerle nombre a todo lo que estaba haciendo y sintiendo desde hacía años”. Pasó de ser un músico mediocre, a tocar el piano “de puta madre porque soy un payaso”. “He encontrado aquí mi sitio, todo encaja”, recuerda emocionado sus comienzos.

Trabaja como actor pero ante todo, que nadie se equivoque, presume de ser payaso. A veces el término se usa de forma peyorativa, sin embargo, Falín lo saborea al pronunciar cada una se las sílabas. “Es una filosofía que va mucho más allá, algo maravilloso”. El actor observa el mundo y lo imita. El payaso en cambio, dice, “se mira a sí mismo, se quita capas. Potenciamos lo que tenemos para valorarlo como algo único. Subo al escenario para sacar el corazón: este es mi corazón, haced con él lo que queráis”.

Si te rechazan, eso es un reflejo de lo que está sintiendo. Si sales al escenario con la intención de que la gente te quiera, es imposible fracasar”

¿Y si un payaso causa rechazo?  “Lo está haciendo mal, sin duda. Todos somos buenos para alguien , –seguro que alguna persona quería Hitler, incluso–, y el público quiere querernos. Si te rechazan, eso es un reflejo de lo que estás sintiendo. Si sales al escenario con la intención de que la gente te quiera, es imposible fracasar. Se nos puede caer un foco, nos podemos quedar en blanco… pero siempre siendo honestos, mostrando el corazón, diciendo: ‘señores con el miedo y el respeto que me causan ustedes, se me ha olvidado todo’, la gente se ríe y te quiere”.

La precariedad baila con la más bonita del mundo

En la actualidad, el circo se está reinventando y reivindica a los payasos exiliados bajo los focos de los teatros. Recientemente, buenos payasos decidieron crear un espacio, un laboratorio del estudio del clown y entrenar. La idea no se materializó, a juicio de Falín, porque “los payasos estamos perdidos, desperdigados”.

El payaso jerezano admirador de Rowan Atkinson, quien encarna al famoso Mr. Bean, compagina actuaciones con la dirección de su escuela de clown ‘Botarate’, la tercera en España. “Quiero ser un profesor de payaso, invadir esto con un ejército de botarates que hagan reír; esa es mi misión en el mundo”.

Compagina la dirección de la academia con los espectáculos. “Los contratos son muy precarios, continuamente estoy en el INEM; los trabajadores y yo ya somos coleguitas”, afirma aderezando el plato con un toque cómico-dulce. Este es uno de los aspectos menos bellos de la profesión más bonita del mundo, aunque Falín no se lamenta en absoluto. “Tengo estoy sobrado; no soy un austero; no es una tragedia no llegar a fin de mes, no llego, no tengo un sueldo fijo. Hay meses en los que no tengo nada, otros en los que viene todo a la vez. Aprendes a vivir así”.

En casi dos décadas de profesión ha vivido momentos en los cuales lo último que le apetecía era subirse a un escenario. Entonces pone en práctica ese principio que enseña a sus alumnos: “Encima del escenario hay que instalarse en el placer, pase lo que pase”.

Maria Luisa Parra

Periodista. En twitter @MLPARRAGARCIA

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