Evolución imparable

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Fotografía: Señora durante la manifestación del 8M el pasado año./ Miguel Rey

Al volver a leer un libro que he leído hace tiempo, noto que lo hago con una mirada diferente. Ahora capto matices nuevos  y otra profundidad, quizás la que nos va dando la vida. Esto me ha ocurrido al releer  ‘Un cuarto propio’ de Virginia Woolf. Pero he tenido la sensación de que no ha pasado el tiempo, en este libro la autora expresa una necesidad que hemos sentido  muchas mujeres antes y ahora: la de tener un espacio propio donde poder aprender, crecer y desarrollarnos como persona.

Ya desde la Época Griega –cultura que hemos heredado– a la mujer se la destinaba al mundo del hogar, los conocimientos que debía  adquirir eran los necesarios para la vida doméstica. Incluso había una habitación, el gineceo, destinada a que se recluyesen las mujeres de la casa cuando llegaban  visitas externas a la familia. Su mejor destino era casarse. Las mujeres en la sociedad griega carecían de la consideración de ciudadanas, al igual que los esclavos.

Como afirmaba Pericles “La gloria principal  de una mujer es que no hablen de ella”, es decir , cumplir todas las normas que se le imponían para no llamar la atención. Aunque él era un hombre de quién todos hablaban.

Si damos un repaso a la historia comprobamos cómo esta situación no cambia mucho para las mujeres. La mujer que se casaba pasaba de tener el deber de obedecer al padre al de obedecer al marido. Seguía siendo una persona sin capacidad de ser dueña de sus posesiones y ni de su destino. Y aquella que no se casaba seguía unida al deber de cuidar a su familia de origen.

En la Edad Media la educación seguía estando negada a las mujeres. Aquellas que querían formarse se dedicaban a la vida religiosa  en conventos y monasterios, y algunas que querían aprender otro tipos de  saberes como el  uso de las plantas medicinales u otros conocimientos, eran tachadas de brujas o locas.

Como nos muestra Virginia Woolf, un poema de Lady Winchelsea (1661) expresa lo siguiente:  “¡Ay de mí! A una mujer que ensaya la pluma/ la consideran tan presentuosa / que no hay virtud que pueda rescatar esa falta/ Nos dicen que equivocamos nuestro sexo y camino /buenos modales, elegancia, baile, y juegos son los primeros que debemos desear/ Escribir, leer, pensar e investigar/ nublarán nuestra  belleza/ agotaría nuestro tiempo/estorbaría la conquista de nuestra plenitud/la fastidiosa dirección de una casa servil/es para muchos nuestro destino y arte supremo”/

O el comienzo de otro poema:

“¡Qué bajo hemos caído! /caído por equivocadas normas/ antes víctimas de la Educación que de la Naturaleza/ excluidas de todo adelanto del espíritu/ dedicadas y destinadas a la torpeza/…”.

Y esto lo expresa una mujer a la que se le supone pertenecer a una clase acomodada, ni que decir tiene la cantidad de limitaciones que tendrían mujeres de clases más bajas.

En el Siglo de las Luces no nos fue mucho mejor. La Revolución francesa nos volvió a negar la categoría de ciudadanas a las mujeres. Aquí se produjeron incipientes reacciones de lucha feminista.

En España no es hasta el final del siglo XIX cuando asiste una mujer, María Elena Maseras Ribera, a la Universidad, de forma aislada y con permiso del Rey. No fue hasta el siglo XX cuando la mujer llega a la Universidad y aún con condiciones.

Las dos primeras mujeres catedráticas no lo logran ser hasta 1931 y 1932. Pero con el golpe de estado franquista en 1936, la emancipación de la mujer se ralentizó aún más en España en los años siguientes.

Cuando a la mujer se le permite acceder a la Educación y desarrolla una profesión, vive esta transformación esforzándose y demostrando sus sobradas capacidades. Pero la mujer que se forma y trabaja profesionalmente lo hace en un Sistema Social Patriarcal Capitalista, basado en la supremacía del hombre y en el valor del dinero.

Para sustentarse este Sistema Patriarcal necesita basarse en que las mujeres son inferiores a los hombres

En la actualidad ya es imparable el acceso  de la mujer a la Educación y al desarrollo de una vida profesional , pero el Sistema Patriarcal no puede ponérselo fácil  y no ha cambiado el modelo de  Organización Social en el que son las mujeres las que mayoritariamente ejercen el trabajo no remunerado de los cuidados. Ello conlleva un sobre esfuerzo enorme para ellas con dobles jornadas interminables y agotadoras de trabajo dentro y fuera de casa.

Conlleva una sensación de culpa crónica. ¿Cómo se resuelve el cuidado de un hijo enfermo si hay que ir a trabajar? Hoy en día coexisten generaciones que echan una mano, como son los abuelos. Pero, ¿cómo cuidar a los padres ancianos? ¿Y  a las personas dependientes o enfermas?

No dudo de que hay hombres que comparten el trabajo de cuidados con sus parejas, pero estos no representan aún en número a la generalidad de la situación que estamos analizando.

Que se lo pregunten a mujeres que sufren maltrato en su vida de pareja si el no tener independencia económica les frena el poder reaccionar”

¿Puede la mujer  olvidarse de sus diferentes capacidades y volver a recluirse en la vida doméstica? Es IMPENSABLE  ¿Tiene que volver a depender económicamente de su pareja con la incapacidad de acción que esto les supone? Que se lo pregunten a mujeres que sufren maltrato en su vida de pareja si el no tener independencia económica les frena el poder reaccionar.

Puede resignarse a vivir estrecheces económicas como les ocurre a generaciones actuales de mujeres pensionistas que han dedicado su vida al cuidado de su familia y no han cobrado por ello y al no trabajar fuera de casa no han cotizado a la Seguridad Social y, por tanto, solo tienen derecho a una pensión no contributiva, siendo estas mujeres una de las caras de la pobreza actual.

Volviendo a ‘Un cuarto propio’ en el que Virginia Woolf expresa la necesidad que tiene la mujer que quiere escribir de tener un espacio y tiempo propio, también recoge las palabras de Mary Beton: “La conclusión prosaica de que es preciso tener quinientas libras al año y un cuarto con cerradura en la puerta si quieren escribir novelas o versos”.

O recoge lo que afirmó Mis Nightingale en el siglo XIX : “Las mujeres  nunca tienen  media hora que sea realmente de ellas, siempre las interrumpen. Virginia Woolf nos recuerda que la independencia intelectual depende de cosas materiales, la poesía depende de la libertad  intelectual. Y las  mujeres no han gozado mucho de independencia económica ni de libertad intelectual sobre todo al tener que vivir con unas normas rígidas de conductas establecidas por un sistema de vida patriarcal.

Y Virginia Woolf nos invita a las mujeres a escribir, a escribir toda clase de libros. Por tanto, nos está invitando a ser independientes económicamente e intelectualmente.

Pero ya hemos visto que si en la época actual algunas hemos conseguido la independencia económica es más difícil conseguir la libertad intelectual. No estamos libres de la culpa por no cumplir satisfactoriamente el trabajo de cuidados que aún la Sociedad Patriarcal nos asigna.

Como dice Yayo Herrero en su libro ‘La vida en el centro’: “Normalizar un reparto de trabajo profundamente desigual permite perpetuarlo. Naturalizar la asignación del trabajo de crianza a las mujeres permite a los hombres desatenderse de él”.

Yo he sido madre y he sentido el placer de estar cerca físicamente de mis hijos al tenerlos  y  en los primeros meses de crianza. Pero la sociedad no puede castigar a la mujer por ser madres, ya que para algunas de nosotras puede suponer poner en riesgo su puesto de trabajo y menos si la Sociedad está preocupada por el bajo índice de natalidad en los países desarrollados.

Ahora con el permiso de paternidad igualado en tiempo al de maternidad la situación laboral de la mujer mejora. Es menos castigada cuando va a una entrevista de trabajo y le preguntan si quiere ser madre, en comparación con un hombre que quiera ser padre. Pero no hay duda de que en la crianza posterior es mayor el número de mujeres que piden jornada reducida  que el de hombres que lo hacen, mayor el número de mujeres que faltan al trabajo para cuidar a un hijo enfermo y son más las mujeres quienes piden excedencia para cuidar.

Yayo Herrero lo expresa muy bien cuando dice: “Nuestros cuerpos solo pueden sobrevivir si se insertan en un espacio de relaciones y que garanticen cuidados y atenciones a lo largo de toda la vida y sobre todo  en algunos momentos especialmente vulnerables del ciclo vital, como son la infancia, la vejez, los momentos de enfermedad o las personas con diversidad funcional”.

El Sistema Patriarcal Capitalista no pone la Vida en el centro, no pone a las personas en el centro, pone en el centro el beneficio económico. Se sustenta en un reparto injusto dela riqueza.

Según Yayo Herrero las violencias contra la Tierra y contra  las mujeres participan de una misma lógica. Este Sistema Patriarcal no valora ni paga el trabajo de cuidado que han ejercido las mujeres y no valora a la Tierra como sustentadora de vida con unos recursos limitados.

El trabajo de cuidados y los ciclos vitales como la polinización o el ciclo del agua no tienen validez monetaria hay un Patriarcado Social que daña a las mujeres y un Patriarcado Ambiental que daña a nuestro Planeta.

La lucha feminista tiene aún por delante muchos objetivos que conseguir, pero hay dos que son urgentes:

-Hay que parar este tipo de producción económica  que persigue el beneficio económico  por encima de las necesidades de las personas y de los ecosistemas .¡Nos va en ello la vida !

-Hay que luchar por un reparto  igualitario del  trabajo de Cuidados. A nadie le gusta ver a niños y niñas aún convalecientes que van al colegio porque no hay nadie en casa que los pueda cuidar, o a ancianos y ancianas que viven en soledad esperando una plaza de residencia que no llega o a personas dependientes que solo reciben asistencia en tiempos insuficientes. Hay que luchar para que la Sociedad en su conjunto resuelva estos problemas y no responsabilice de los mismos a las mujeres.

Hay una consigna que se canta en las manifestaciones feministas del 8 de marzo: “Patriarcado  y Capital, alianza criminal”. Éste resume muy bien la necesidad de un cambio radical en nuestra Sociedad. Yayo Herrero ve la solución en el Ecofeminismo y en tener marcos organizativos centrados en la cooperación, reciprocidad y democracia radical.

Quizás no haya consejos más feministas para nuestras niñas que el que luchen por conseguir su independencia económica e intelectual en un planeta que deje de ser explotado por un consumo irresponsable”

Estamos ante una Evolución Imparable, hemos recogido la antorcha que nos entregaron tantas y tantas mujeres que lucharon antes de nosotras por estudiar y desarrollar una profesión. Ahora que trabajamos fuera y dentro de casa hay que armonizar nuestras vidas con una verdadera conciliación. Quizás no haya consejos más feministas para nuestras niñas que el que luchen por conseguir su independencia económica e intelectual en un planeta que deje de ser explotado por un consumo irresponsable.

Este 8 de marzo hay que volver a salir a las calles ¡Hay tantas reivindicaciones que defender!

Seguimos convocando por reivindicaciones estudiantiles, laborales, por unos cuidados compartidos y por un consumo responsable. Pero hay tantas mujeres que viven diferentes formas de opresión además de por ser mujer por su raza, o por su orientación sexual, o por su clase social o por tener divergencia funcional. ¡Hay  tantas causas que defender!

No hay demasiado tiempo ,estamos pagando un precio muy alto. Son ya demasiadas las mujeres asesinadas por la violencia machista, demasiadas las especies desaparecidas, hay demasiado sufrimiento en nuestra sociedad.

Es la hora de construir de nuevo sustentando la vida, cuidándonos hombres y mujeres de forma igualitaria y evolucionando juntos.

Milagrosa Romero

Milagrosa Romero

Maestra jubilada. Activista en Marea Violeta Jerez y Marea de pensionistas.

Un comentario en «Evolución imparable»

  • el marzo 2, 2020 a las 10:35 pm
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    Buen artículo compañera, poniendo los cuidados en el centro de la vida y de las políticas, llegaremos a una autentica igualdad. Felicidades…

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