La adolescente que da una lección

Fotografía: Captura de www.elmundo.es

Varias reflexiones, algunas contradictorias, me han hecho cuestionarme los límites de eso que llamamos sentido del humor.

Como educador, una de las herramientas que más uso en mi trabajo es precisamente la ironía y el doble sentido del lenguaje porque mis alumnos adolescentes descubren en estas edades las bondades de estos recursos como forma de comunicación para acercarse al pensamiento adulto. Cuando un docente les responde con la misma moneda, sienten que la infancia queda atrás y eso les reconforta, estableciéndose así un vínculo muy beneficioso para el proceso educativo.

Sin embargo, esto tiene unos límites muy claros que las personas aprendemos desde muy pronto. Y ese límite se llama ofensa. Todos aceptamos ser sujetos de bromas, siempre que no nos sintamos humillados o expuestas nuestras debilidades más dolorosas al escarnio público.

Pero hay algunas excepciones que hemos aceptado de forma más o menos tácita. Por ejemplo, asumimos que el límite de las ofensas es un poco más laxo en personas públicas, bien porque están acostumbradas a que se opine sobre ellas y se benefician de esto, como en el caso de los famosos. O porque su trabajo o función social está sometido a la crítica como ocurre con los políticos.

El sentido del humor muestra la inteligencia de las personas y aumenta el atractivo de quien lo practica. Es también una forma muy sana de superar las dificultades a las que nos enfrentamos”

En el Carnaval de Cádiz una chirigota se mofaba del aspecto físico de una joven hija de una famosa. Esta chica no está en ninguno de las condiciones antes citadas y tiene todo el derecho a quejarse y pedir que cesen los insultos. Además, estos son machistas ya que juzgan su aspecto físico por ser mujer. Y no hay excusas porque sea Carnaval.

En el caso del político catalán que también ha sido motivo de chanza, sí entraría en una de las categorías que antes cité y por ello, creo que  es aceptable, aunque yo no le veo la gracia.

El sentido del humor muestra la inteligencia de las personas y aumenta el atractivo de quien lo practica. Es también una forma muy sana de superar las dificultades a las que nos enfrentamos.

Burlarse de una chica por su bien o mal parecido no es humor y sólo sirve para retratar a quien lo hace.

Nacho Rodríguez Díaz, orientador del IES Almunia, Jerez (Cádiz).

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