Manu Rubio, ‘Yo soy Ratón’: «El país de cada niño son sus padres»

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La música para peques ya no se reduce a ser puramente didáctica o entretenida. Cobra fuerza la canción protesta infantil, gracias al músico, educador y psicomotricistalidera, Manu Rubio, y al proyecto que lidera ‘Yo soy Ratón’. Rompe esquemas con rock, música electrónica y letras reivindicativas desde la mirada de la infancia. Con temas como ‘Caca’, ‘No soy un muñeco’ o ‘Llora sin parar’, disfrutan familias al completo, un placer compartido que refuerza los vínculos y revoluciona el panorama musical infantil.

OtroPeriodismo.- ¿Cómo describe el mundo que los mayores estamos ofreciendo a los niños y niñas?

Yo Soy Ratón.- Es una lástima pensar en el panorama climático que les queda, la mentalidad de consumo desmedido, nuestra pasividad ante la desigualdad, la desconfianza en el otro, la competitividad ante la cooperación. Pero no debemos rendirnos, cada uno siembra el ejemplo en su propia casa. Eso nadie nos lo puede quitar.

OP.- ¿España es un país para niños?

YSR.- El país de cada niño son sus padres, y cuanto más pequeños son, más verdad es esto. 

OP.- ¿De qué forma le ha valido su experiencia como psicomotricista para sacar adelante Yo soy Ratón?

YSR.- La práctica psicomotriz agitó de tal forma mi vida que nada ha vuelto a ser igual, ni en lo personal, ni en lo profesional. 

Mi primer disco, ‘Canción Protesta’, tiene una gran influencia de esta práctica, ya que lo compuse mientras realizaba la formación como psicomotricista en C.E.F.O.P.P.  Además tuve la gran suerte de estar trabajando al mismo tiempo en la Escuela Infantil Reggio de Las Tablas, cuyas bases pedagógicas son el «Movimiento en Libertad de Emmi Pikler», las escuelas «Reggio Emilia» y la propia «Práctica Psicomotriz Aucouturier» . Semejante cantidad de información me brindó la posibilidad de aprender, observar, practicar, y constatar, que, realmente, esta forma de educar, basada en confiar en las capacidades de cada niño, funcionaba. 

OP.- Dice que las madres y padres educan cada uno a su manera. En virtud de su experiencia, ¿cuáles son los errores más frecuentes y los más graves?

YSR.- Efectivamente, y, como es lógico, cada cuál ejerce la paternidad o maternidad como buenamente puede. Yo no creo que exista la «educación perfecta». Y en este sentido, me remito a la expresión acuñada por Winnicott «padres suficientemente buenos», que, en mi opinión, nos invita dejar la culpa a un lado y a disfrutar de una crianza basada en el instinto y el sentido común. No obstante, yo mismo necesité toparme con la práctica psicomotriz para llegar a hacer clic y descubrir esta mirada diferente hacia la infancia. De algún modo, esto mismo es lo que pretendo provocar a los padres con mi música, que hagan clic. Y por eso en muchas de mis canciones hablo de situaciones en las que, en mi opinión, los padres y madres no actuamos de un modo ajustado con nuestros hijos e hijas, como puede ser: pedirles que compartan cuando aún no están preparados para hacerlo, dejarlos en la escuela sin despedirnos adecuadamente, pedirles que no lloren cuando lo necesitan, sobreexigirlos académicamente siendo aún pequeños, no acompañarlos emocionalmente, etc. 

OP.- ¿Cómo cree que se debería actuar para evitarlos?

YSR.- Yo opino que, deber, no se debe hacer nada si no se siente. Casi es mejor ser coherente con uno mismo que ser uno hoy y otro mañana. Nuestros hijos saldrán adelante como nosotros lo hemos hecho. Son más fuertes de lo que creemos. Pero si un día surge y haces clic, dándote cuenta de que estás gritando, culpando o acusando a tu hijo sin un motivo real, únicamente fruto de tu estrés. No lo dudes, combate al ego y recula. Agáchate y pídele perdón, tal cual. Le estarás transmitiendo una lección de vida, y, además, tú habrás empezado el cambio.  

OP.- ¿A las últimas generaciones les ha faltado oír más música reivindicativa?

YSR.- No sabría que contestar a esta pregunta, pero me lleva a la reflexión de que «somos lo que vivimos», y , que ciertamente, la música es una herramienta poderosa para educar, aunque no siempre nos demos cuenta del impacto que tiene en nuestros hijos pequeños. Una canción escuchada incansablemente puede darles nociones sobre su esquema corporal, enseñarles la tablas de multiplicar, el abecedario en inglés, valores como la amistad, o transmitirles ideas machistas, como ocurre en ocasiones con el mensaje del reguetón. Creo que es conveniente ofrecerles todo tipo de música, pero también cuidar las letras de aquella que escuchan.

Empoderar a un niño es hacerle sentir capaz. Para esto, no basta con hacer con él una pancarta protesta en un concierto de Yo soy Ratón. Tiene que haber una coherencia entre lo que dices y lo que haces, y que esta coherencia se mantenga en el tiempo (…). Se trata, no de verlos capaces, sino de, mirarlos capaces.

OP.- A su juicio, ¿por qué es necesario empoderarlos?

YSR.- Antes de contestar a esta pregunta me gustaría aclarar que en Yo soy Ratón usamos términos generalmente asociados a la política como: protesta, revolución, dar voz, empoderar…etc., precisamente para llamar la atención de los adultos sobre la transcendencia del mensaje que queremos transmitir, y no porque pretendamos que los niños y niñas se lancen al congreso con sus armas de juguete. Debemos entender este vocabulario como un juego. Pero, ¡ojo!, para un niño el juego es algo muy serio.

Para mí si es importante empoderar a la infancia. Yo entiendo que empoderar a un niño es hacerle sentir capaz. Para esto, no basta con hacer con él una pancarta protesta en un concierto de Yo soy Ratón. Tiene que haber una coherencia entre lo que dices y lo que haces, y que esta coherencia se mantenga en el tiempo. Empoderar es un modo de estar con tus hijos o con tus alumnos. Observar con admiración y sin intervenir a un bebé que, por primera vez, intenta sentarse por sus propios medios, es empoderar. Se trata, no de verlos capaces, sino de, mirarlos capaces. Nuestra mirada les construye, es así de fácil, y de complejo a la vez.

OP.- ¿Por qué cree que se repite una y otra vez eso de que “los niños se nos han ido de las manos”, “ahora mandan ellos”? ¿y qué tienen de ciertas tales afirmaciones?

YSR.- Los padres y las madres nunca hemos estado tan informados como ahora sobre el embarazo y la crianza y, sin embargo, puede que estemos más perdidos que nunca. Quizás en la época de nuestros abuelos fuera más sencillo porque mandaba quien mandaba y punto. Pero ahora la oferta pedagógica nos abruma, y en el caso de la «educación respetuosa», por ponerle una etiqueta que nos resulte familiar, se puede malinterpretar, llevando a nuestros hijos a un punto de permisibilidad en el que son ellos mismos lo que buscan el límite que no sabemos poner los adultos. Yo defiendo que hay que dar voz a los niños, pero únicamente en aquellos aspectos que, por maduración psicológica, pueden manejar sin problema ellos mismos. De este modo, van ganando voz con el paso del tiempo, y en paralelo, también asumen nuevas responsabilidades. Un niño sin límites puede convertirse en un barco a la deriva.

OP.- ¿Por qué vendría bien a mayores (sean o no padres y madres), y a peques escuchar el tipo de música de Yo soy Ratón?

YSR.- Para los padres y las madres es una oportunidad de «disfrutar con los hijos», y no únicamente de disfrutar viendo a los hijos disfrutar. El placer compartido refuerza los vínculos. Con los niños ocurre lo mismo y, además, sucede que la emoción sincera que se genera al vivir este placer compartido, ayuda a ambos a entender e integrar el mensaje de las canciones, cada cual a su nivel. 

Para aquellos adultos sin hijos también puede resultar atractivo escuchar los discos de Yo soy Ratón o venir a nuestros conciertos simplemente por la calidad musical que ofrecemos, pero también como una forma de encontrarse con otra mirada hacia la infancia que, por cierto, no hemos inventado nosotros. Simplemente hemos puesto música a un enfoque del que muchos ya hablaban hace tiempo.

OP.- Sinceramente, ¿de qué se alegra más: de calar en mayores o en los pequeños?

YSR.- Sin duda, el hecho de ver en el público a varios grupos de adultos sin niños el pasado 19 de enero en el Circo Price, es la prueba de que algo está cambiando en la música infantil, y esto me alegra muchísimo. Nos habla de que hay calidad. Porque, ¿cuántos adultos sin hijos pagarían por ver un espectáculo infantil tradicional? Las matemáticas no engañan. Existe una nueva ola de músicos que apostamos por renovar este panorama y en cuyos conciertos, la presencia de adultos no es una mera consecuencia lógica. Ahora los padres y madres asisten a estos conciertos sabiendo que van a disfrutar con sus hijos de un espectáculo pensado (de verdad) para todos. 

OP.- ¿Recuerda una anécdota negativa durante su trayectoria en la música?

YSR.- Dos cosas que, además, sucedieron el mismo día. Muchos de mis conciertos son por la mañana. Pues un día tocaba a una sala de conciertos en la que empezaban a programar actividades infantiles aprovechando que en Madrid ya era legal, y, al llegar, me encontré que no habían limpiado la suciedad de la noche anterior. Tú sabes como se queda un local después de una noche de discoteca, ¿no? Pues eso: el suelo pegajoso y con cristales, los baños apestando y trabajando, el mismo personal (falto de sueño) que había cerrado el local la madrugada anterior.  Eso me hizo darme cuenta de que no todo vale. El hecho de que te permitan organizar eventos para niños en un local pensado para adultos, no quiere decir que ni tú ni el local, estéis preparados para hacerlo. Y para colmo, ese mismo día se pelearon dos papás en medio del concierto. Un horror.

OP.- ¿Y una anécdota que recuerde con cariño?

YSR.- Cuando trabajas con niños suceden muchas anécdotas entrañables. Por un lado los padres y madres me envían cantidad de videos de sus hijos/as cantando, bailando, escuchando o simplemente relajados sintiendo mis canciones, eso me alucina. También, alguien me contó que su hijo le había puesto una de mis canciones diciéndole,«escucha papá, así me siento yo». El simple echo de ir viendo crecer a los niños que vienen a los conciertos y como cada vez van entendiendo más el contenido profundo de las letras es increíble. Y también recuerdo con cariño, una alumna de la Escuela Reggio que siempre lloraba en los conciertos semanales cuando yo cantaba la canción ‘Llora sin parar’.

Manu Rubio, álter ego de ‘Yo soy Ratón’./ Cedida.

OP.- ¿A qué aspira con Yo soy Ratón?

YSR.- Aspiro a que nuestro mensaje llegue cada vez a más gente. Para esto, no dejamos de llevar a cabo nuevos proyectos, como los videos de todas las canciones en lengua de signos,  videoclips animados, la colaboración del coro León Felipe de Móstoles, una campaña escolar en la que regalamos un cd a cada niño/a, el nuevo quinteto escénico para llevar a los teatros… Todo es poco de cara a conseguir que Yo soy Ratón suene en todas las casas.

OP.- ¿Qué le gustaría que le preguntaran?

YSR.- Me encantaría contarte como va cambiando mi modo de crear nuevas canciones. El tiempo no pasa en vano y las experiencias que tenemos nos afectan de forma integral. Aunque mi primer disco surgió del cruce de caminos que supuso encontrarme con la educación y la psicomotricidad, lo cierto es que, aunque trabajara con niños cada día,  aún no era padre y esto me hacía tener una visión poco empática con la paternidad. El segundo disco ‘No soy un muñeco’ también surge de la misma fuente, pero ya tenía a mi hija Lola y, por lo tanto, cierta experiencia como padre, lo que me ayudó a mostrar más empatía con los padres y madres a la hora de escribir. El tercer disco lo estoy escribiendo directamente con ayuda de mi hija, lo que está siendo toda una experiencia compartida que no cambiaría por nada.

Maria Luisa Parra

Periodista. En twitter @MLPARRAGARCIA

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