Cáncer infantil: supervivientes con una sonrisa

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Roberto y Daniel, ya adultos, relatan cómo fueron sus luchas contra la leucemia y el linfoma de Hodgkin, respectivamente.

“Me salió un bulto en el cuello. No le dí importancia y pensaba que tal y como ha venido se iría, pero no se fue”. Daniel Real (Toledo, 2001), estudiante de Ingeniería Médica descubrió que se iba a dedicar a salvar vidas con 15 años. A esa edad le diagnosticaron el linfoma de Hodgkin, uno de los tipos de cáncer infantil más frecuentes junto a la leucemia. 

Precisamente esta enfermedad la sufrió Roberto Gómez, hace 10 años, en el verano de 2010. Concretamente, leucemia linfoblástica aguda de alto riesgo (LLA), muy frecuente en la infancia.

Aunque el cáncer infantil tiene un porcentaje de curación del 80%, anímicamente el transcurso de la enfermedad trae consigo momentos duros. Pasaron por etapas difíciles y otras en las que ambos demostraron energía. “Como todo en la vida, teníamos momentos de fortaleza, de risas, y otros de bajones”. 

Daniel Real durante el transcurso de su enfermedad./ Cedida

La familia de Daniel sufrió tanto como él durante su enfermedad. Aunque sus familiares demostraban serenidad delante del chico, él sabía perfectamente que, en su ausencia, lloraban ante lo duro de ver que un ser querido padecía cáncer.

El tratamiento que tanto Roberto como Daniel siguieron fue la quimioterapia. En el caso del segundo, estuvo seis meses de tratamiento, divididos en seis ciclos, que son la forma en la que se administra la quimioterapia, seguido de un período de descanso en el que el paciente se recupera de efectos adversos, de un mes cada uno. Durante los cinco primeros días de cada ciclo, el de Lillo (Toledo) debía estar ingresado en el hospital. En los diez posteriores tenía que ir al hospital cada 72 horas. En el transcurso de la segunda parte del mes no tenía que acudir a ningún tipo de centro sanitario.

Cuando estaba perdiendo el pelo, sus padres decidieron no raparlo al cero. En ese instante él se fue arrancando el pelo en línea “para dejarme un peinado bonito”.

Pero como en todos los momentos negativos de una vida, también hay tiempo para la risa, incluso en un hospital y con las condiciones más adversas que un adolescente se puede encontrar. “Son dos años de tu vida y en la vida uno se tiene que reír”. Haciendo memoria Roberto recuerda una anécdota divertida en la que, cuando estaba perdiendo el pelo, sus padres decidieron no raparlo al cero. En ese instante él se fue arrancando el pelo en línea “para dejarme un peinado bonito”. Para los dos el humor fue un salvoconducto que hizo posible que el tiempo pasara más rápido en el hospital.

Derivaron a Roberto a la sección de pediatría después de observar “lo mal que me portaba en adultos”. Sin embargo, achaca este indebido comportamiento a la igualdad en el trato a una persona adulta que a un niño de 15 años, más en especial “cuando todo es nuevo para él y se tiene que someter a pruebas dolorosas”. Daniel llega a  referirse al personal del hospital como “familia”. Se pasaba todo el día gastando bromas con ellos, en un entorno en el que parecía que los trabajadores y él se conocían “de toda la vida”, por la gran confianza que tenía con ellos.durante el transcurso de su enfermedad./ Cedida

Durante el tratamiento los pacientes experimentan efectos secundarios adversos debido a la dureza de éste. “Empecé a engordar muchísimo por culpa de la quimio y las pastillas. Además, era verano y no podía tomar el sol, por lo que no hacía deporte, sólo andaba porque tenía el portacath, el aparato por el que me inyectaban la quimio, y por temor a que se le diera la vuelta, no me ejercitaba”, manifiesta Daniel. No obstante, añade que hay tratamientos más dañinos para el propio cuerpo como la radioterapia.

“En el proceso te das cuenta de quiénes son tus amigos, y quiénes, aunque llevasen mucho tiempo sin hablar contigo, te preguntaban todos los días cómo estabas”. Daniel se percató a partir de la enfermedad de las personas en las que podía confiar y en las que no. 

Presente y Futuro

Roberto Gómez en la actualidad./ Cedida

El cáncer también le abrió los ojos y le hizo ver que su futuro estaba en la medicina. Sin embargo, se quedó a dos décimas de entrar en la carrera, por lo que optó por cursar Ingeniería Médica

Daniel Real en la actualidad./ Cedida

Ambos lanzan un mensaje de optimismo para las personas que padecen por lo mismo que ellos sufrieron y superaron. “Que disfruten de la familia, del día a día, y que no pierdan la oportunidad de reírse y que si les hace falta llorar que lloren. Pero sobre todo, que se pongan en manos de los especialistas”.

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