De Rumanía a España: “Como no tenemos derechos, luchamos”

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Verónica y su marido se vieron obligados a emigrar desde Rumanía en busca de una vida mejor y un futuro para sus hijos. El proyecto Misto Avilean (‘bienvenido’) promueve la incorporación continuada y no discriminatoria de niñas y niños romaníes provenientes del Este de Europa, principalmente de Rumanía, en el sistema educativo de los países a los que migran. 

Rumanía, Hungría, Eslovenia, Italia y Francia. Éstos son los cinco países que atravesaron en coche Verónica junto a su marido y sus dos hijos de ocho y cuatro años para llegar a España en 2005. Unos 2.903 kilómetros. “En Rumanía no hablaban con nosotros porque éramos gitanos, por eso nos vinimos a España, para encontrar una vida mejor. (…) Como no tenemos derechos, luchamos”. En su país natal ni siquiera podía llevar a sus hijos al colegio porque les faltaba ropa y comida. El salvoconducto que encontró para emigrar a España fue su madre que vivía en una chabola en Valencia  sin agua potable.

En el país ibérico la pobreza, la dificultad para acceder al mercado laboral y los prejuicios hacia la etnia gitana, fueron los principales escollos que se encontró a su llegada hace 15 años. La familia ha ido alternando trabajo muy precarios, con otros en la hostelería durante el verano y  periodos de vacacionales. Vivieron una primera etapa en chabolas, pero durante los últimos años pagan el alquiler de su hogar.

Verónica hizo todo lo posible para que sus hijos pudieran asistir al colegio en España. En cuestión de dos meses ya estaban asistiendo a las clases. “Yo aprendí de mis hijos. Ellos me decían: ‘dame un tenedor’ y yo les preguntaba qué era un tenedor”, rememora.

La dura realidad a la que se enfrentan muchos niños como los hijos de Verónica es la posibilidad de entrar en un colegio-gueto, que sigue existiendo hoy día y constituye la opción que suelen proponer la Administración a las familias pobres

La dura realidad a la que se enfrentan muchos hijos de migrantes en España es la posibilidad de entrar en un colegio-gueto. Aunque parezcan anacrónicos siguen existiendo hoy día. Esta es la opción que suelen proponer  la Administración a las familias pobres. José María Martínez, técnico del Programa de Intervención con Inmigrantes Gitanos de Países del Este de la Fundación Secretariado Gitano en Valencia, narra su propia experiencia al respecto: “Fui a matricular a un niño en un centro con plaza asignada del Ayuntamiento y me dijeron que no porque era gitano y rumano, que debería llevar al niño a otro centro más adaptado a sus condiciones de pobreza. También es justo decir que el actual Ayuntamiento de Valencia sí que ha tomado una serie de medidas para evitar esta tendencia a la segregación”.

A pesar de todo, Verónica, valiente y optimista, lo tuvo claro desde el primer momento: sus hijos no estudiarían en un colegio-gueto. Y así fue con la ayuda de Martínez, a quien le expresa su agradecimiento.

Misto Avilean: un proyecto bienvenido y necesario

La Fundación Secretariado Gitano participa, junto a otras cuatro organizaciones, en el proyecto Misto Avilean (‘bienvenido’). Se trata de un proyecto transnacional financiado por la Comisión Europea. Su objetivo principal es promover la incorporación continuada y no discriminatoria de niñas y niños romaníes provenientes del Este de Europa, principalmente de Rumanía, en el sistema educativo de los países a los que migran. Para ello tienen en cuenta la situación en el país de origen y en dos Estados miembro habitualmente de destino (España y Francia).

Verónica junto a José María Martínez, técnico de la Fundación Secretariado Gitano./ Cedida

A raíz de la pandemia va más lento de lo esperado. “Hay que empezar a hacerlo funcionar para que sea un recurso útil que conozcan los colegios y los profesores”. Este proyecto abarca campañas de sensibilización que han convencido a varios docentes y jefes de estudio de diferentes centros educativos.

El hijo mayor de Verónica, consiguió el título de secundaria. Su hermano en cambio no pudo obtenerlo aunque “estudiaba mucho”. Para el técnico de FSG, la situación de pobreza es la principal causa de este fracaso escolar, ya que la prioridad de los niños en las familias con menos recursos “es apoyar a sus padres”.

La obra social de la Caixa se encarga de dar facilidades a familias como la de Verónica. Dos de las ayudas que otorgan son refuerzo educativo y equipamiento escolar. La segunda, sobre todo, resultó fundamental para que sus hijos pudieran asistir al colegio. “Me ayudaron con los deberes del niño, a la hora de comprarles ropa. Cuando tengo un problema acudo a ellos porque en España no tengo nada”.

La asistencia sanitaria se considera uno de los principales problemas que encuentran los rumanos. Mientras trabajaba en el campo en Francia, el hijo mayor de Verónica sufrió una hernia y acudieron a Urgencias. Allí tuvieron que esperar tres horas para que lo operaran. La sorpresa llegó cuando volvieron a España y se encontraron con una factura de 1.300€. José María se encargó de solucionar el problema. “Tramité el certificado de la Tarjeta Sanitaria Europea y lo envié al email que le habían dado para pagar la factura. En ese momento la sanidad española se encargó del pago”.

Esta madre concluye lanzando un mensaje a los profesores y a la Administración. “Deben asegurar un proyecto para que los niños salgan adelante con una beca, y con ayudas para que encuentren trabajo. La situación actual es muy difícil de llevar y luchamos cada día para seguir adelante porque mis hijos no encuentran trabajo”.

“Estoy muy contenta”, es una de las frases más repetidas desde que esta ciudadana de origen rumano pisó suelo español. “¿La oyes? Vivía en una chabola, ahora en unas condiciones precarias y está contenta”, espeta admirado José María Martínez, uno de los grandes pilares de Verónica y los suyos.

Reportaje realizado por María Luisa Parra y Diego Medina.

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