Eslabones olvidados de la cadena sanitaria: la precariedad de los celadores y celadoras

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La labor de estos profesionales ha sido invisible durante años dentro de la rama sanitaria. A diferencia de los sanitarios, durante los meses iniciales de la crisis de la COVID-19, celadores como Pascual Parodi, no contaron con los equipos de protección pertinentes mientras ponían en peligro sus vidas y la de sus familiares. 

“Excepto a nuestros superiores, a nosotros no nos incluyen dentro de la rama sanitaria por el hecho de no tener carrera universitaria y tenemos el mismo derecho que cualquiera de nuestros compañeros de ser valorados por el trabajo que llevamos a cabo día a día”. Esta es una de las reivindicaciones que manifiesta Pascual Parodi (Cádiz), presidente de la Asociación Andaluza de Celadores (Asance), y celador en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz. 

A nivel administrativo no se reconocen como parte del personal sanitario. En la crisis no han dejado de hacer su trabajo en contacto directo con los usuarios: aseo de los pacientes y ayudarles con la movilidad. Por tanto,  estos profesionales estaban expuestos al virus desde que el paciente entra hasta que sale “mientras que el enfermero se quedaba fuera para no gastar EPIs”. 

Según el colectivo, a lo largo de un mes han tenido que trabajar en una situación de alto riesgo para su salud y los suyos, mientras se enfrentaban a las dificultades derivadas de una gestión de crisis marcada por las imprecisiones.

Lo más bonito de su trabajo es “cuando consigues que una persona se olvide por un momento de que está enferma mientras te coge de la mano

“Cuando le han hecho la prueba de la COVID a un paciente, el resto de compañeros sanitarios han llevado su equipación correspondiente mientras que nosotros tan solo hemos llevado la mascarilla y los guantes o incluso hemos tenido que fabricar nuestros propios equipos”, señala Parodi. 

Martina, celadora que también ha trabajado durante esta crisis, asegura que a pesar de todo el peligro pasado, lo más bonito de su trabajo es “cuando consigues que una persona se olvide por un momento de que está enferma mientras te coge de la mano”

Reivindicaciones que vienen de lejos

Desde hace tiempo reivindican ser reconocidos y protegidos como al resto del personal sanitario junto a otras medidas de mejora: abastecimiento en equipamiento de material, una reforma del Estatuto de los celadores del año 1971 –el cual recoge que sólo los hombres pueden ser celadores–, o la subida de los salarios que han llegado incluso con un mes de retraso.  “Hay una diferencia de unos 300 euros entre un celador andaluz y un celador de cualquier otra comunidad”, señala Pascual Parodi.

“Hay una diferencia de unos 300 euros entre un celador andaluz y un celador de cualquier otra comunidad”

Ante esta situación, los trabajadores decidieron unir fuerzas y luchar para cambiar esta situación concentrándose en la Asociación Andaluza de Celadores (Asance). Constituida en Cádiz, ya cuenta con casi 1.000 asociados. En ella, se preocupan por los intereses y la situación del colectivo, cuya actividad laboral sigue regulada por el Estatuto de Personal no Sanitario al servicio de las Instituciones Sanitarias de la Seguridad Social, Orden del Ministerio de trabajo de 5 de julio de 1971. 

Ya son varias las manifestaciones impulsadas por Asance en la puerta de todos los hospitales de la comunidad andaluza. Por ejemplo, las llevadas a cabo en Cádiz capital en la entrada del Hospital Puerta del Mar.

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