Este poema lleva nombre de mujer

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¿Realmente crees que todo lo que se dice de los hombres y las mujeres es verdad? Todas esas historias fueron escritas por hombres, que únicamente dicen la verdad por accidente. Estas palabras de Moderata Fonte que hago mías, me vienen que ni al pelo para explicar la importancia de la literatura como herramienta feminista para consolidar mensajes igualitarios, cómo a lo largo de la historia han sido los hombres los que a través de la cultura han ido inoculando el mensaje de lo que debemos entender por ser mujer. Siempre alejadas de los espacios propios de la creación artística literaria.

Para quien no conozca a Moderata, esta escritora veneciana, publicó una novela en el siglo XVII ‘Il merito delle donne’. Las protagonistas son un grupo de mujeres solas que se reúnen durante dos días. A través del diálogo entre mujeres, apartadas del mundo en un hermoso jardín veneciano, critican las costumbres de los hombres y reivindican su libertad. Son mujeres de diferentes condiciones y estados: la joven esposa, la viuda, la casada, la soltera, etc.

Reflexionan sobre el matrimonio desde el punto de vista femenino, un tema hasta entonces exclusivamente masculino. Corinna, una de las protagonistas, dice que quiere permanecer soltera para mantener su libertad y dedicarse al estudio. Después de enumerar los principales defectos de los hombres, las contertulias destacan la importancia de la enseñanza mutua entre las mujeres, en los diversos campos del conocimiento, incluyendo las ciencias naturales. Para Lucrezia es crucial que las mujeres estudien medicina para emanciparse de la dominación masculina, por ejemplo.

¿Por qué no recrear ahora nuestra particular reunión de mujeres, como hizo Moderata en su día, para intercambiar experiencias y hablar de poesía. No puedo ofreceros un hermoso jardín en el que charlar, pero seguramente mis lectores/as ya han puesto a funcionar su imaginación y nos hemos tele transportado a un lugar idílico para escapar de las exigencias y las rutinas propias del día.

La poesía ha sido y sigue siendo un espacio desde el que interpretar el mundo desde una perspectiva artística y creativa. Históricamente las mujeres han sido invisibilizadas en esta parcela del conocimiento y nos hemos perdido grandes creaciones poéticas que en su día fueron silenciadas y que a día de hoy tampoco se ha trabajado por sacar a la luz. Todavía la presencia de mujeres en los libros de texto es nimia y como autoras de poemas ya es para echarse a llorar. ¿Es que acaso no hay voluntad por dotar a la poesía de presencia femenina? ¿Por qué seguimos perpetuando desigualdades? Es curioso como en nuestra sociedad la mujer sigue siendo la mayor consumidora de literatura y, sin embargo, son las que menos publican en comparación con sus compañeros varones. ¿Tendrá algo que ver con que las editoriales, los jurados en concursos, las distribuidoras…, todavía sigan en manos del patriarcado? Yo diría que sí.

Le generación del 27 y del 98 dio lugar a un estallido creativo donde la mujer no tenía cabida. Pero hoy, desde nuestro particular jardín veneciano vamos a darles a ellas el sitio que merecen.  Y que mejor ejemplo que ‘las sinsombrero’, grandes mujeres poetas de la generación del 27 que marcaron un antes y un después en el mundo de la poesía en nuestro país.

El nombre con el que se conoce a esta generación de artistas es debido al acto de rebeldía que protagonizaron Margarita Manso y Maruja Mallo, junto a Salvador Dalí y Federico García Lorca al descubrirse la cabeza al quitarse el sombrero cuándo pasaban por la Puerta del Sol, lo que provocó insultos y que les apedreasen los demás viandantes.

De este grupo de mujeres que escribían, pintaban, componían y esculpían bajo la sombra de los intelectuales masculinos, podemos desatacar a Margarita Manso, Josefina de la Torre, Concha Méndez, Ernestina Champourcin, María Teresa León, Carmen Conde, Magda Donato, Maruja Mallo, Ángeles Santos Torroella, Rosa Chacel, Josefina de la Torre o María Zambrano. Por su parte, la escritora, crítica y estudiosa Laura Freixas propone para este grupo de mujeres la denominación de Generación del 26, ya que fue en 1926 cuando se fundó el Lyceum Club, que bajo la presidencia de María de Maeztu las agrupó a todas. Invisibles y en la sombra estuvieron en su momento,  también hoy en nuestros materiales educativos, en nuestras conversaciones sobre poesía, en nuestro imaginario. Porque lo que no se expone no existe y de eso ya se ha encargado el patriarcado, de atragantarnos con grandes dosis de masculinidad.

Si nos da por teclear en cualquier archivo público bibliotecario “mujeres generación del 98”, el resultado es el más absoluto vacío. Inmediatamente la tristeza me embarga y la misma pregunta vuelve a rondar por mi cabeza: ¿habré acotado mal mi búsqueda?, ¿acaso no hubo mujeres poetas en esta generación, una época que estuvo plagada de creación literaria y ni un sólo nombre de mujer?

Gertrudis Gómez de Avellaneda vivió el mayor éxito del que jamás ha disfrutado una escritora en España, con sus dramas en verso. Concepción Arenal ha muerto en 1893 dejando el más importante legado del que puede enorgullecerse España de estudios penales criminológicos y penitenciarios, premiado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Emilia Pardo Bazán, la más ilustre y reconocida literata, es ya una figura famosa en el mundo entero. Y como ellas, muchísimas más mujeres que hicieron su aportación grandiosa al mundo de las letras. ¿Y Rosalía de Castro, y Carmen de Burgos? ¿Acaso su obra no fue del calado suficiente como para que hubieran aparecido en mi búsqueda?

No sé tú Moderata, cómo te planteas el tema, pero esta conversación sobre mujeres en la poesía da para más de una charla en tu precioso jardín. Nos queda mucho en lo que trabajar. Todos y todas, somos responsables de que esta invisibilidad no se convierta en una lacra social que borre de un plumazo el trabajo de mujeres que siguen apostando por la poesía como vehículo para empoderar, gritar, crear y en definitiva educar. La cultura es patrimonio de todos y todas y de forma conjunta debemos construir desde la igualdad de género.

Dulce Chacón, Rupi Kaur, Victoria Ash… recogen el testigo de ‘las sinsombrero’ para reivindicar el papel protagonista de la mujer en la poesía como creadora de contenido. No olvidemos que tenemos el poder de construir de nuevo el discurso esta vez sin luces ni sombras, donde mujeres y hombres compartan espacios culturales sin discriminación. Os regalo los versos de Victoria Ash y su poema ‘Por todas las mujeres’. Nos despedimos también de Moderata Fonte que como buena maestra de orquesta nos ha acompañado en este encuentro de mujeres y desde su jardín le decimos adiós.

Por todas las mujeres
rompo el grito, la lanza
y la desidia
con la que aplastaron su vuelo
los hijos del odio
contra ellas.
Poca hombría
denota la actitud beligerante.
Querer imponerse para otorgarse
la importancia que
debe ser
que uno por sí mismo
no merece.
Poca hombría.
Porque hombría no debería
ser más
que la elegancia del hombre
en el saber comportarse.
Y yo,
que no diferencio
entre hombres y mujeres,
que los creo a todos iguales,
sigo soñando personas
libres y veraces.

Por todas las mujeres
lloro sangre:
me duele cada una en las entrañas.
Se me enquista cada historia
tan adentro
que dirían que alguna fue
mi hermana
porque hay noches
que no concilio el sueño
pensando en la canción
que crean sus nombres
en algún lugar entre
el dolor y la venganza.

Por todas las mujeres
siento miedo
de que éste sea el mundo
al que yo amaba,
de que los golpes de la vida
los den manos,
de que nadie haga nada
por cambiarlo.
Y me avergüenzo, me enfado
y enloquezco.
Éste no es lugar para el mañana
de los hijos que yo sueño.

Por todas las mujeres
me levanto
para ser de la libertad,
su canto.
Bien alto:
que no nos vamos a dejar morir
ni matar,
que si no nos quieren vivas
los hijos del odio,
los hijos del mal,
les auguro un triste final.

Por todas las mujeres.
Por todos las personas que las saben amar.

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