La vida normal de Ariadna Edo: nadadora paralímpica y futura psicóloga

En el mundo de la natación adaptada emerge Ariadna Edo, para confirmarse como la gran promesa de este deporte. Con ocho años empezó a sufrir los síntomas de la enfermedad Stargardt, que afecta a una de cada 10.000 personas. Esta dolencia, también conocida como distrofia macular juvenil es degenerativa (sus síntomas se agravan con el paso del tiempo).

Debido a lo traicionera que es esta enfermedad, la castellonense vive con la incertidumbre de no saber con precisión cuándo contrajo la enfermedad. Sin embargo, recuerda que antes veía sin dificultad la pizarra en las clases. Tampoco presentaba ninguna dificultad para leer.

Desde los tres años compite en natación convencional, modalidad que nunca ha dejado de practicar. En 2014 le comentaron que en la natación adaptada podía competir de igual a igual contra oponentes con problemas visuales. Edo consiguió una medalla autonómica en natación convencional, y un año después hizo lo propio en un mundial, esta vez en natación adaptada.

Edo consiguió una medalla autonómica en natación convencional, y un año después hizo lo propio en un mundial, esta vez en natación adaptada

En 2016 llegó uno de los momentos más duros de su vida, en el cuál Ariadna se separó, con 17 años y por iniciativa propia, de su hogar familiar. Partió a Madrid para cursar 2º de Bachillerato y, a la vez, prepararse para su primera cita paralímpica. “Consideraba una oportunidad estar enfocada al 100% en el deporte adaptado y la manera más asequible de poder compaginar los estudios con la natación era yéndome al CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Madrid”. Resultó un año muy duro para ella, en el que todo era nuevo. Sin embargo, en el verano de ese año la valentía demostrada al irse de casa tuvo su recompensa.

En 2016 llegó su bautismo en la élite de este deporte. El 12 de septiembre, apenas dos meses después de cumplir los 18 años, consiguió la medalla de bronce en los 400 metros libres en clase S13 para nadadores con discapacidades visuales. Ariadna reconoce que no se percató de que había conseguido una medalla hasta que no salió de la piscina y sus entrenadores la estaban esperando. Cuatro años después, y con la ambición de los que terminan haciendo historia en el deporte, reconoce que no salió satisfecha de la piscina con el tiempo que había marcado.

Ariatna Edo
Ariadna Edo, nadadora./ Cedida

El 2019, tras una mala temporada en cuanto a lo deportivo, Edo dejó la residencia interna del CAR pero nunca dejó de entrenar allí. Desde entonces lo hace como externa. Además, considera que el confinamiento provocado por la pandemia de la Covid-19 le vino «bien para seguir adelante», pese a la grave situación que atraviesa el país. 

La nadadora cuenta con el apoyo del Proyecto Fer, una iniciativa propia de la tierra que la vio nacer que la apoya en todo tipo de aspectos, desde nutrición hasta psicología, pasando por ayudas económicas. Edo destaca de este proyecto la igualdad en el trato entre deportistas convencionales y adaptados. “Muchos de mis compañeros de selección que no son de la Comunidad Valenciana tienen mucha envidia de que nosotros podamos contar con ellos”.

En el plano personal Ariadna continúa sus estudios de Psicología en la Universidad Camilo José Cela de Madrid. Por la distancia con el campus y unos horarios de entrenamiento, en los que dobla turnos cuando se acerca la competición, le resulta imposible asistir a clases presencialmente. Por ello, estudia de una manera independiente en permanente contacto con los profesores. Como se ve, a pesar de la enfermedad Stargardt, Ariadna Edo lleva una vida normal.

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