Los buenos maestros del siglo XXI liderarán el cambio social

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Ser maestro en el siglo XXI es tener que nadar a contracorriente porque no hay otro oficio en el que para tener éxito se tenga que provocar la curiosidad, incentivar la crítica y finalmente guiar el camino hacia las respuestas o hacia otras preguntas. Esta reflexión es la primera que se me ocurre cuando pienso en lo que supone nuestra profesión en la era de las nuevas tecnologías en la que un alumno completa y a veces, incluso sustituye, las explicaciones de clase por vídeos, tutoriales, blogs etc. Tiene sentido que sea así, porque casi todos los trabajos han sufrido transformaciones más o menos radicales y el nuestro no iba a ser distinto, aunque en demasiadas ocasiones nos resistamos a ello.

Desde que empecé en la educación, nunca he dejado de oír que nuestro alumnado cada vez viene peor, que saben menos de curso a curso, que tienen poco autocontrol, que no se interesan por aprender… No estoy de acuerdo. Los niños y adolescentes del 2017 tienen una realidad mucho más compleja y con mayores demandas que las que tuvieron los de hace 20 o 30 años. Un alumno tipo del 2017 tiene que manejar nuevas tecnologías, saber expresarse en al menos dos idiomas distintos al suyo, tener buenas competencias emocionales, sentido crítico, hábitos de vida saludables y un sinfín de cualidades más.

A cambio, ¿cómo estamos respondiendo a los retos que las aulas llenas de gran diversidad nos plantean? ¿cómo afrontamos la creciente escasez de recursos en los centros educativos? ¿cómo motivamos a los padres para que se sientan involucrados en este proceso?

El alumnado nos pide que dejemos las clases teóricas como único recurso, nos pide que dejemos de tenerlos sentados treinta horas semanales en un aula, nos pide que dejemos de evaluarles por lo que han memorizado y más por lo que han asimilado para saber resolver los problemas de la vida diaria. Nos pide que estemos abiertos a críticas y en definitiva que les eduquemos para ser ciudadanos. Ese es el reto”

Es entonces cuando se abre una vía que da sentido al ser maestro en el siglo XXI y este camino no es otro que el de liderar el cambio social que sin duda se tendrá que producir para adaptarnos a estos tiempos convulsos. Ser docente para que el alumnado conozca los conceptos básicos de una materia será importante, pero mucho menos. Lo será más el que pueda aprender las formas de encontrar esos conceptos y seleccionar las mejores fuentes. Tendrá mucha más importancia que los jóvenes salgan del sistema educativo preguntándose por dónde continuar formándose más que con la satisfacción de obtener una titulación.

¿Estamos preparados? ¿Seremos capaces? Sólo si dejamos el conformismo de lado y sabemos escuchar lo que nos están pidiendo a gritos. Porque claro que el alumnado nos pide, cada día. Nos pide que dejemos las clases teóricas como único recurso, nos pide que dejemos de tenerlos sentados treinta horas semanales en un aula, nos pide que dejemos de evaluarles por lo que han memorizado y más por lo que han asimilado para saber resolver los problemas de la vida diaria. Nos pide que estemos abiertos a críticas y en definitiva que les eduquemos para ser ciudadanos. Ese es el reto.

Nacho Rodríguez Díaz, orientador del IES Almunia, Jerez (Cádiz).

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