Por el camino de la abolición

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“El oficio más antiguo del mundo”, vigente ya desde la Antigua Grecia, Babilonia y el Imperio Romano, que se extendió hasta la Edad Media y perduró hasta nuestros días. Un oficio cuya verdadera imagen, oscura y compleja, ha sido reflejada en nuestra cultura como un servicio “necesario”, dotado de todos los cuidados para las mujeres que lo ejercen por cuenta propia porque les gusta y porque así lo decidieron, de la misma manera que alguien decidiría dedicarse a la docencia o a la seguridad de las personas. Pero lo cierto es que, detrás de la edulcorada imagen de la prostitución que se nos ha mostrado durante años, fruto de la ignorancia y la poca sensibilización de nuestra indiferente sociedad, se esconde un crudo contexto lleno de necesidad, engaño, desesperación e inhumanidad. 

Ya sea por la poca importancia que la sociedad presenta ante ella, por la falta de sensibilidad o por la ignorancia sobre lo que realmente supone, la prostitución es un tema que se ha convertido en tabú: se trata de un problema real, una lacra social que persiste a día de hoy en nuestro mundo y que supone un gran problema a niveles diversos. 

Muchos son los que a día de hoy desconocen o quieren desconocer que, lejos de ser un oficio ejercido por mujeres de manera voluntaria o vocacional, la prostitución está vinculada en su mayoría con la trata de blancas, y, por consiguiente, con el tráfico de seres humanos por el procedimiento de captación de víctimas, su traslado, transporte, condiciones de trabajo, entre otros.

Por lo general, el negocio parte de un contrato ilegal y engañoso (aunque no siempre hay un contrato) en el que el proxeneta, que actúa como un empresario ordinario, ofrece una oferta de trabajo que llega a las familias más desfavorecidas, teniendo de esta forma en sus manos la certeza de que aceptarán debido a la situación económica en la que se encuentran. Así pues, la familia cede a la firma del contrato con la esperanza de obtener el suficiente dinero para mantenerse. Y, al cabo de unos días, la chica, que suele ser captada a una temprana edad de su adolescencia (o mucho antes en el peor de los casos) llega al que sería el establecimiento donde trabajará para darse cuenta de que ha sido engañada.

Este “modus operandi” utilizado por los traficantes, denominado promesa de empleo, según lo mencionado en el capítulo II del informe The Globalization of Crime — A Transnational Organized Crime Threat Assessment, realizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), puede llegar a darse a través de una supuesta oferta laboral. Ésta muchas veces puede ser para trabajar como modelo y participar en un concurso de belleza, trabajar en una cafetería o un spa entre muchas de las posibilidades. Por otro lado, se sabe que han habido casos donde la captación de las víctimas se ha hecho a través de anuncios de programas de estudios en el extranjero, vacaciones a precios sospechosamente bajos, servicios matrimoniales, etc.

Además, no siempre se recurre a una promesa de empleo u otro tipo de ofertas cuyo atractivo es bastante sospechoso si se mira con detenimiento; en el peor de los casos los traficantes recurren a la violencia, la coacción y el uso de sustancias para captar a las víctimas y asegurarse de que no intenten huir tanto en el proceso de transporte como dentro del establecimiento de destino. 

¿Pero cuál es la situación legislativa de la prostitución y el tráfico de personas en España?

Si bien es cierto que en el artículo 177 bis del Código Penal se regula el delito de tráfico de personas en sus diferentes ámbitos, en él solo encontramos un punto que haría alusión a la trata de personas con fines sexuales (el apartado b, en este caso). No obstante, a nivel legislativo, la prostitución en sí es alegal, pues no hay leyes que la regulen, un problema que recientemente el Congreso puso sobre la mesa para tomar cartas en el asunto. Sin duda alguna, un debate que supone el comienzo de una necesaria iniciativa para eliminar esta lacra social tan ignorada y que esperemos que no caiga en saco roto. 

Violación de los derechos humanos

Todo aquello que suponga un ataque o violación de los derechos humanos debería ser erradicado por el Gobierno y por la sociedad porque, sin duda, la prostitución no solo supone un problema a nivel legal por su complejidad, sino también a nivel de valores”

Lucía Fernández Bernal

Todo aquello que suponga un ataque o violación de los derechos humanos debería ser erradicado por el Gobierno y por la sociedad porque, sin duda, la prostitución no solo supone un problema a nivel legal por su complejidad, sino también a nivel de valores. Nuestra población no ha asentado sus cimientos en los pilares del feminismo, basado en la igualdad, el respeto, la libertad entre hombres y mujeres, y por eso el asunto se ha vuelto una controversia. Si así fuera, hoy en día no tendríamos que estar debatiendo qué hacer al respecto, la sociedad sería capaz de ver la cruda realidad, y frases e imágenes sobre la prostitución que se han transmitido en nuestra cultura no estarían tan normalizadas.

Ante esta lacra solo tengo sentimientos negativos, especialmente por la falta de sensibilidad y la ignorancia que se tiene al respecto incluso a día de hoy. Se me parte el alma ver la poca atención que se le presta y por cómo muchos no son capaces de ver que gran parte de las mujeres que de ello trabajan lo hacen por necesidad y desesperación.

“Se me hace más triste e impactante aún ver que muchas de esas chicas son tan jóvenes. Es muy doloroso el pararme a pensar que su juventud y su vida entera han sido arrebatadas por el egoísmo de quienes solo piensan en el dinero, como los proxenetas, y en su propio placer a costa de la vulnerabilidad”

Lucía Fernández Bernal

Se me hace más triste e impactante aún ver que muchas de esas chicas son tan jóvenes. Es muy doloroso el pararme a pensar que su juventud y su vida entera han sido arrebatadas por el egoísmo de quienes solo piensan en el dinero, como los proxenetas, y en su propio placer a costa de la vulnerabilidad, como aquellos que hacen consumo de la prostitución sin ver el daño que causará a esa pobre chica sometida a la misma pesadilla una y otra vez por miedo, solo para poder sobrevivir en este condenado y corrompido mundo en el que lo único que importa es el dinero, el poder y el placer sexual a costa de la libertad de los otros.

Siendo yo una humilde persona educada desde pequeña en valores tan esenciales como el respeto (y también filóloga en potencia), me parece repulsivo escuchar todavía expresiones que normalizan la prostitución y observar que están tan arraigadas en nuestra lengua que muchas personas usan esos refranes y frases hechos tan obscenos y repugnantes con la misma naturalidad que todos decimos “buenos días” cada mañana.

Solo espero que, algún día, la sociedad evolucione, para que las personas sean capaces de ver cuán importante es el feminismo y sus valores de igualdad y respeto, y a partir de la educación, la familia y el Gobierno, al fin, la prostitución ya no tenga que ser motivo de debate porque ya se haya erradicado “el oficio más antiguo del mundo”.

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Lucía Fernández Bernal

Estudiante de Grado en Estudios Franceses

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