“Procuro salir adelante por mí misma, pero me he visto en el extremo para acudir a Cáritas”

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Cada vez son más las personas que no pueden llegar a fin de mes. La pobreza no solo se da en familias monoparentales o desestructuradas y es más común de lo que parece. Pero gracias a historias como la de Julia estas situaciones se humanizan y ayudan a comprender la verdadera realidad. 

Julia –nombre ficticio–  de 53 años, madre de tres hijos, está divorciada desde el año 2008. Ha acudido a recibir la ayuda de Cáritas en dos ocasiones. Gracias a ellos encontró  trabajo durante un año. Actualmente, está desempleada al igual que dos de sus hijos ya mayores de edad los cuales residen aún con ella. El tercero ha encontrado trabajo en Londres. 

Aunque, pidió ayuda de Cáritas antes del confinamiento confiesa haberlo pasado muy mal económicamente durante la pandemia y sobrevivir a día de hoy gracias a las ayudas del estado. Siempre procuro salir por adelante mí misma, pero me he visto en el extremo para acudir a Cáritas”, cuenta Julia. 

Desde 1947 Cáritas tiene el fin de realizar una acción caritativa y social a través de sus miembros confederados. Promueven el desarrollo integral de personas y pueblos, especialmente de los más necesitados, de los excluidos por la sociedad. 

Son ya 250 Cáritas Parroquiales la que comprenden la ciudad andaluza de Sevilla (provincia y alrededores). Los miembros suelen ser personas voluntarias. Cáritas Sevilla ya cuenta con más de 2.800 voluntarios de los cuales la gran mayoría son mujeres. 

Las personas que acuden a estas ayudas diocesanas son atendidas con cita previa para atención individualizada o familiar. A este proceso, se le llama ‘acogida’. Consiste en realizar una entrevista para evaluar si realmente la persona que acude a la organización necesita los servicios solicitados. 

Según un estudio de DAPN, el perfil más común de persona que está en situación de pobreza extrema son familias jóvenes con estudios secundarios y que tienen uno o dos hijos a su cargo. 

Cáritas Parroquiales ofrece ayuda de manera directa ofreciendo recursos de primera necesidad –alimentos o ropajes– y de manera indirecta con recursos sociales –tratamiento médico, administración de documentación, entre otros. Es decir, acompañan a la persona necesitada, pero son aquellas solicitantes las protagonistas de sus decisiones. Además, cuenta con un departamento destinado a la búsqueda de empleo y  trabajos en red con distintas entidades como Cruz Roja para ayudar a la población. 

El informe presentado por Cáritas el año pasado revelaba que un 18% de familias en España tenían riesgo de exclusión social. Tras la crisis vivida por la COVID-19 el tema está empeorando y las medidas del gobierno dejan aun a muchos colectivos fuera de estas ayudas. Ahora mismo, los colectivos desfavorecidos más numerosos por motivo del virus son migrantes y personas mayores. En el caso concreto de las personas mayores la pobreza se debe al aislamiento social y a la falta de recursos durante la pandemia. 

“En mi pueblo hay varias familias que han tenido que acudir a Cáritas durante el confinamiento, ya que a pesar de tener que estar encerrados han ofrecido recursos”, explica Julia que vive en una pequeña localidad de Sevilla. 

A pesar de que Julia siempre se ha sabido buscarse la vida con diversos trabajos precarios asegura que hay que tener un poco de conciencia cívica. Recuerda que, aunque ella acudió a estas ayudas, no se debe abusar de ellas y que hay que dejarlas libres para aquellas familias que de verdad la necesiten.

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