Centros de reinserción social: la vida (normal) después de la cárcel

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Antigua cárcel de Jerez./ Miguel Rey

Privar a las personas de su libertad en centros penitenciarios las sitúan directamente en riesgo de exclusión social. Tener familiares en los que apoyarse, un lugar en el que permanecer y un trabajo con el que ganarse la vida, son necesidades básicas que resultan estar muy por encima del alcance de los exreclusos. Asociaciones como Zaqueo las acompaña para que no marchen solos.

Desde los 14 años, Alberto (nombre ficticio) se ha visto envuelto en el mundo de la delincuencia y ahora acaba de cumplir los dos años que ponen fin a su condena. Jose María, también bajo pseudónimo, se ha enfrentado a tres años de prisión y en menos de dos meses también quedará impune. Ambos coinciden en que lo que más les inquieta es el futuro, si estarán al borde de la marginalidad, o si tendrán acceso a una vivienda y a un empleo digno. Lo que sí tienen claro es que de nada sirve apartarlos de la sociedad durante un periodo de tiempo a medio o largo plazo si, una vez que salgan, no van a ser aceptados ni integrados, si pasan de estar presos un tiempo a ser presos durante todo el resto de su vida.

España se cataloga dentro de la Unión Europea como uno de los países más seguros, pues posee uno de los índices más bajos de criminalidad frente a otros países. No obstante, el número de penados de las cárceles españolas es notable, alcanzando los 60.000 internos, un número que no ha dejado de aumentar desde comienzos del siglo.

La situación que me voy a encontrar soy consciente de que no va a ser sencilla. Pero también espero cumplir con mi sueño, que es tener una vida normalizada”

Pero los datos llamativos no acaban aquí, pues según un estudio sobre la tasa de reincidencia, 4 de cada 10 personas que salen de la cárcel cometían un nuevo delito. Las conclusiones fueron que algunos de los factores susceptibles que lo propician son el escaso seguimiento y apoyo social que reciben las personas exreclusas tras salir de prisión o la dificultad para obtener trabajo o permisos de trabajo, entre otros.

Esto choca con la Ley Penitenciaria de 1979, que asegura que “el fin primordial de las instituciones penitenciarias debe ser la reeducación y la reinserción social de los sentenciados a penas”. Desafortunadamente, la realidad después de obtener la libertad es de todo menos sencilla. Si bien antes estas personas estaban en tierra de nadie, ahora entran en juego las asociaciones y voluntarios, dispuestos a cubrir ese vacío.

En la provincia de Sevilla únicamente existen dos asociaciones dedicadas a la reinserción social y laboral de personas reclusas y exreclusas. La asociación Zaqueo, que nació en 1996, lleva a cabo de manera estable desde hace seis años el programa Casa Abierta, por la cual acoge a cerca de 80 personas provenientes del Centro Penitenciario de Morón, el de Sevilla I y el CIS, Centro de Inserción Social. No obstante y de manera evidente, no hay espacio suficiente para todas en la casa, por los que los permisos se van rotando o intercalando por días.

Amparo Morillo, psicóloga de la asociación, cuenta que todo interno debe cumplir una serie de normas de convivencia para así poder garantizar su acogida pues, de lo contrario, esta se acabaría. Morillo asegura que esto “no suele ocurrir porque aquí se sienten arropados, muchas veces lo que necesitan es tener una red social de apoyo, sentirse queridos y eso ellos lo valoran mucho”.

  • Empleo

La dificultad para encontrar trabajo está directamente relacionada con el nivel de formación. La mayor parte de las personas que cumplen penas de prisión disponen de escasa formación técnica, falta de competencias transversales y habilidades y desconocimiento del mercado laboral. Alberto, cuya experiencia laboral antes de entrar en prisión era prácticamente nula, se ha mostrado motivado para formarse dentro de los centros penitenciarios y hacer uso de las herramientas que allí tenía a su disposición. Toda su experiencia laboral ha estado relacionada con las instituciones penitenciarias, por tanto, “no se podría catalogar de experiencia laboral porque a la hora de buscar trabajo y buscar referencias, ¿dónde la buscas?”, declara.

Jose María, por su parte, tiene una experiencia laboral anterior de más de 20 años como encargado de pintura, puesto al que llegó tras haber trabajado durante periodos de tiempos cortos en otras empresas relacionadas. Sin embargo, le preocupa el porvenir que le espera aunque también se muestra positivo, “la situación que me voy a encontrar soy consciente de que no va a ser sencilla. Pero también espero cumplir con mi sueño, que es tener una vida normalizada”.

Tampoco son numerosas las empresas que mantienen una actitud positiva respecto a la inserción de este colectivo, no obstante, Alberto ve una clara evolución: “Ahora no es como antes. Antes no existían asociaciones, ahora el empresario ve que existe un apoyo social, es una especie de aval a mi persona, una referencia. Antes las opciones eran muy escasas”. Y es que se trata de un derecho el de la igualdad de oportunidades, ley que en muchas ocasiones se incumple en lo que respecta a las personas que han pasado por instituciones penitenciarias.

  • Lazos personales

Las relaciones sociales, los lazos con familiares y amigos juegan un importante papel a la hora de salir de prisión. En muchos casos en los que estos lazos no existen o están deteriorados, son las asociaciones las que las fomentan. Hace unos años, Alberto asistió a una comunidad terapéutica para personas drogodependientes durante unos meses, “cuando salí, en mi casa emocionalmente esperaba un mínimo de apoyo y no, lo que me encontré fue con ¿y a qué vienes ahora otra vez? Yo fui en positivo y acabé de nuevo en negativo, y mi reflexión fue que, a lo mejor con un aliento de esperanza, no hubiese caído de nuevo en lo mismo”.

Desde Zaqueo, Morillo se cuestiona el punto desde el que se parte para considerar que una persona se haya reinsertado. “La reinserción es bastante relativa” afirma. Cuando se habla de completa reinserción la psicóloga se pregunta: “¿Cuántos de nosotros no consigue un trabajo o vivir independiente en una casa y poder mantenerla? Entonces, entra ahí la cuestión de qué entendemos por normalidad y reinserción”.

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