Consecuencias del confinamiento: estrés postraumático en niños y niñas

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Los cambios en la rutina derivados de este encierro ha afectado a un 30% de menores, especialmente a aquellos con TEA y discapacidades intelectuales.

Un 30% de los niños y adolescentes aislados durante el confinamiento padecen síntomas de estrés postraumático. Así se ha puesto de manifiesto en el encuentro online ‘Duelo y Trauma en la Infancia y Adolescencia en los Tiempos de COVID- 19’, organizado por la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (Aepnya).

Los menores se han tenido que enfrentar a una situación a la que no estaban acostumbrados. La pandemia por coronavirus les impide acudir a la escuela o salir a la calle a realizar actividades de ocio con normalidad. Al igual que no les permite visitar a sus seres queridos o participar de los rituales de despedida, como ha comentado en el encuentro la médico psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y portavoz de Aepnya, Abigail Huertas Patón. También ha señalado un abuso de las nuevas tecnologías en casa.

Los niños con autismo y discapacidad intelectual son aún más vulnerables en este momento. Este colectivo presenta una alta dependencia de los adultos de su entorno, a quienes incluso han tenido que dejar de ver en algunos casos. A lo que hay que añadir la disminución de los recursos de salud mental y la atención médica, imprescindibles en su día a día. 

A pesar de estos problemas, el aumento del tiempo compartido con los padres le ha venido bien a parte de este colectivo. Durante el encuentro, se ha evidenciado que un 30% de los menores que recibían atención psiquiátrica antes de la cuarentena han presentado mejoría con el confinamiento”

Otro grupo que ha notado más las consecuencias de la cuarentena son los niños y adolescentes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Presentan un mayor riesgo de desbordamiento conductual. Esto puede llegar a ser difícil de manejar en su entorno ante situaciones extremas como esta.

“Los adolescentes con mayores niveles de impulsividad y conductas de búsqueda de riesgo pueden requerir especial atención en aras a mejorar su bienestar emocional y conductual. En ocasiones, esta población presenta, además, problemas de adherencia terapéutica que, a su vez, podría suponer falta de cumplimiento de las medidas preventivas del COVID-19, incrementando los riesgos sobre su salud”, ha subrayado Huertas.

La experta señala la importancia del pediatra para ayudar a los niños a afrontar este desafío, por su cercanía y conocimiento previo de la familia. Sin embargo, también denuncia las grietas existentes en el sistema de salud mental actual.

Los médicos de Atención Primaria se sienten “inseguros” a la hora de detectar y manejar los problemas de salud mental en estas edades, por lo que ha destacado la necesidad de un mayor asesoramiento y apoyo a estos profesionales.

A pesar de estos problemas, el aumento del tiempo compartido con los padres le ha venido bien a parte de este colectivo. Durante el encuentro, se ha evidenciado que un 30% de los menores que recibían atención psiquiátrica antes de la cuarentena han presentado mejoría con el confinamiento. La doctora Huertas señala que puede deberse a la desaparición de las exigencias ambientales a las que estaban sometidos anteriormente. 

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Revista de información social y comprometida. En Twitter @Otro_Periodismo

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