El miedo de pensar que te podría haber pasado a ti

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Es bastante difícil ser periodista en semanas como esta, tanto como ser articulista cuando el tema sobre el que tienes que escribir tiene la capacidad de dejarte sin palabras.

Si, además de ser periodista y articulista, eres mujer, el mutismo se instala con ahínco en tus pensamientos. Y si encima eres feminista, el resultado es devastador, porque el dolor y la pena te arrancan de las entrañas tus ilusiones de cambio, tus revoluciones pendientes y te devuelven a la espantosa realidad escupiéndote a la cara. Despierta de una vez, que esto se acabó.

Creo que todas –y muchos–, en cuanto conocimos la noticia de la desaparición de Laura Luelmo, supimos en el fondo de nuestro ser que éste sería el desenlace y que las causas estaban claras. ¿Cómo no íbamos a saberlo? Ser mujer ha sido históricamente un factor de riesgo, sin importar la edad, el país, la raza, la clase o la orientación sexual.

Según los datos recogidos por la plataforma feminicidio.net,en lo que va de 2018 ha habido 94 asesinatos machistas, 94 llamadas de atención y un mensaje claro: no sois libres, mujeres. ¿No lo entendéis ya? ¿Por qué las feministas tenemos que seguir explicando cada vez que una mujer es asesinada por un hombre que esta debería ser una cuestión de estado? ¿Por qué la sociedad no quiere verlo? ¿Por qué hay políticos, periodistas o youtubers que confunden a la ciudadanía hablando de “ideología de género” y de “violencia intrafamiliar” cuando se trata de violencia estructural y sistemática contra las mujeres por el hecho de ser mujeres? ¿Por qué tenemos que cargar las feministas con la responsabilidad de tener que explicar esto a todo el mundo cada vez que somos una menos porque nos matan? ¡Si no nos creen!

Estudia, búscate un trabajo, administra tu propio dinero y procura no caer en un matrimonio con un desalmado: solo así serás libre»

Aun así, aquí seguimos. En la brecha. Escribiendo reportajes, artículos, haciendo pedagogía, defendiéndonos de los ataques machistas en las redes sociales y saliendo a la calle con pancartas y megáfonos para que el mensaje siga llegando a todas y todos: lo personal es político, lo que le pasa a una en su casa tiene un origen estructural y una dimensión política. Casos como el de la superviviente de La Manada o el deLaura Luelmo suponen un punto de inflexión en la sociedad porque traspasan los mitos en torno a la violencia. La violencia de género está tradicionalmente asociada a determinados estereotipos y sujetos.

En nuestro imaginario colectivo, las víctimas solían ser mujeres de clase baja, sin estudios, amas de casa y con cargas familiares. En definitiva, mujeres cuya situación material no les permitiría con facilidad salir de una relación con su maltratador. Hasta ahora, nuestros padres y madres se habían encargado de hacernos entender desde niñas qué es lo que sí y lo que no teníamos que hacer para no acabar como ellas, las maltratadas, las violadas, las asesinadas. Las otras. Estudia, búscate un trabajo, administra tu propio dinero y procura no caer en un matrimonio con un desalmado: solo así serás libre.

Debe ser difícil de comprender la dimensión del terrorismo sexual, del poder sexualmente expresado, si no lo padeces»

Lo que nos llega a las mujeres los casos de La Manada o de Laura Luelmo es que nada de lo que nos contaron de pequeñas era cierto, porque a pesar de haberlo cumplido paso a paso… resulta que no somos libres. Seguimos com probando que ser mujer es todavía un factor de alto riesgo y nos da miedo. Pero no nos creen. Y yo en el fondo puedo entenderlo. Debe ser difícil de comprender la dimensión del terrorismo sexual, del poder sexualmente expresado, si no lo padeces.

La que lo sufre, lo sabe.

La mirada de ese vecino que te observa por encima del escotey por debajo de la falda cada vez que entras o sales de casa. Los toqueteos delos compañeros en el colegio, los comentarios machistas de ese profesor en la universidad o las caricias no deseadas del jefe en el trabajo. Los piropos que te profiere ese grupo de chicos mientras caminas sola por la calle. Las amenazas si no haces lo que quieren en la cama. Las carreras en tacón es volviendo a casa de noche, con las llaves entre los dedos, fingiendo que alguien te atiende por teléfono y sentirte a salvo solamente cuando estás dentro del portal.

¿Cómo van a saber lo que se siente al no ser libre?

¿Cómo lo van a entender si no saben lo que se siente al morirse de miedo?

La diferencia es que nosotras sí lo hemos captado. Lo que nos aterra es haber comprendido de una vez el mensaje. Ahora sí: Laura Luelmo podríamos haber sido cualquiera de nosotras.

Despierta de una vez. Esto se acabó.

Bianca Sánchez-Gutiérrez. Periodista e Investigadora.

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