Por qué hay víctimas de violencia de género que no denuncian

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El paro, el miedo a las represalias, la inseguridad jurídica y la vergüenza, entre otras que a continuación se detallan, frenan a las víctimas de violencia de género a denunciar, según se desprende de la sexta edición del informe de Fundación Adecco ‘Un empleo contra la violencia’.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) señala que en 2017, los juzgados españoles recibieron un total de 166.260 denuncias por violencia de género un 16% más con respecto al año pasado y un 29% desde 2012.

Casi 6 de cada 10 víctimas se encuentra desempleada en el momento de sufrir la violencia. Además, un 58% de las desempleadas es de larga duración, es decir, lleva más de un año sin encontrar trabajo.

El paro, el miedo a las represalias, la inseguridad jurídica y la vergüenza, entre otras que a continuación se detallan, frenan a las víctimas de violencia de género a denunciar, según se desprende de la sexta edición del informe de Fundación Adecco ‘Un empleo contra la violencia’.

 Miedo a represalias. El 80% de las encuestadas subraya este miedo previendo que la denuncia pueda tener un efecto multiplicador en la violencia, tanto sobre ellas como sobre sus hijos.

Paro y precariedad laboral. El desempleo es uno de los principales frenos para que las mujeres den el paso y pidan ayuda. Un 71% hace alusión al paro y a las situaciones de precariedad como principales obstáculos para denunciar. Al no contar con ingresos propios, depender en muchos casos económicamente del agresor, menoscaba la autoestima de la víctima que  teme encontrarse sola, sin recursos e, incluso, perder la custodia de sus hijos.

Sentimiento de desprotección. Un 40% habla de inseguridad jurídica, al tener desconfianza en la protección que le proporcionará el sistema.

Motivo de vergüenza. De las encuestadas un 38% admite no denunciar por vergüenza a “reconocer” las graves situaciones que ha tolerado.

Proteger al agresor. Las primeras consecuencias a la hora de denunciar a su agresor son inminentes –lo que no quiere decir que sea efectiva–, de ahí que un 35% declara no querer perjudicar al agresor. De esa forma prefieren evitar que entre en prisión, la consiguiente pérdida de estatus social y familiar, etc.

Fe en el cambio. El 31% reconoce que soporta la situación de violencia con la esperanza de que su agresor cambie su conducta.

Mantener la estructura familiar. Otras razones que llevan a las víctimas a la inacción están relacionadas o la voluntad de “aguantar” para que sus hijos tengan una familia (25%).

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