Mujer sin techo: “Esto no es un agujero negro, de aquí he salido y se puede salir”

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Rocío Roldán de Miguel ha vivido durante cuatro años inmersa en la inseguridad de la calle. Insultos, violencia o el incendio del lugar en el que dormía una noche son algunas de las injusticias que ha tenido que sufrir. Unas vivencias que recoge en su primer libro, “Una vida de aprendizaje”. 

“Una casa no son solo cuatro paredes”, afirma Rocío Roldán de Miguel, madrileña de 30 años. Ella sabe bien lo que es vivir en un sitio al que no puedes llamar hogar. Pasó su infancia y adolescencia en centros de acogida de Madrid, de los cuales no guarda un buen recuerdo. 

Veía como el resto de niños salían los fines de semana a ver a sus familias, mientras ella no lo hacía. Creció con el pensamiento de que eran los servicios comunitarios quienes no la dejaban ver a su madre. Pero, la realidad era bien distinta. 

Un libro de M. Rocío Roldán de Miguel.

A los 18, salió del centro con la ilusión de volver a casa. Lo hizo, pero se dio cuenta que no la querían allí. Después de un año y de ser despedida en la empresa de limpieza en la cual trabajaba, su madre la echó. Comenzaba su calvario de cuatro años viviendo en la calle, en los que aprendió lo que era buscarse la vida. 

En España, según el informe Estrategia Nacional Integral para Personas Sin Hogar 2015-2020, 33.000 personas se encuentran sin hogar. Un 16% son mujeres. En el imaginario colectivo reina la imagen del hombre cuando se piensa en personas sin techo. La realidad es que, como en otros muchos aspectos, las mujeres vuelven a ser el grupo invisibilizado y silenciado

La madrileña siempre se sintió insegura a la intemperie. Especialmente, los primeros años, durante los cuales estaba siempre sola y no confiaba en nadie. Pasaba noches al raso sin poder dormir porque el miedo no la dejaba. Esto cambió cuando conoció a Manolo, el que era su mitad y con el que olvidó lo que era el sufrimiento, hasta que murió por problemas respiratorios. 

La calle es un lugar gobernado por hombres, donde las mujeres son las más vulnerables. Según el Observatorio Hatento, casi el 15% de las mujeres que viven en la calle ha sufrido alguna agresión sexual. El 60% ha sido víctima de un delito de odio, frente al 44% de los hombres. Además, un 25% señala que haber sufrido violencia machista es una de las razones que les ha llevado a una situación de sinhogarismo. Como dice el rap ‘100XCientas’: “Acabas en la calle huyendo del machismo. ¿Allí que es lo que encuentras? Te encuentras con lo mismo”.

Una noche, mientras dormía en un cajero, un hombre roció la puerta con alcohol y le prendió fuego sin motivo alguno. La policía le echó las culpas a ella”

Rocío ha sufrido en su propia carne este daño. Se ha sentido despreciada injustamente por los prejuicios de la sociedad. La han tratado “como a una cucaracha”: “Me han echado caca, me han meado encima, me han tirado por una escalera”. Una noche, mientras dormía en un cajero, un hombre roció la puerta con alcohol y le prendió fuego sin motivo alguno. La policía le echó las culpas a ella, la verdadera víctima. 

A pesar de las injusticias que vivió durante ese tiempo, los centros de acogida no eran su sitio. Por los que pasó, no la atendieron adecuadamente. A los 20 años, llegó a uno de estos embarazada. Allí, se sentía como una lacra y llena de culpabilidad, lo que derivó en una depresión que le hizo perder al bebé. Tras esto, cuando más ayuda necesitaba, la volvieron a dejar sin un techo bajo el que poder vivir.

“Este es mi último día despertando en la calle” era su mantra cada mañana al levantarse. Su situación comenzó a mejorar cuando conoció al que hoy es su expareja y padre de sus dos hijos. Sin embargo, se convirtió en su mayor pesadilla. Se sentía tan enganchada a él hasta el punto de sentir que si no estaban juntos, no era nadie. Debido a los problemas de alcohol de su entonces pareja le quitaron la custodia de su hijo mayor cuando tan solo tenía cuatro meses.

“Esto no es un agujero negro, de aquí he salido y se puede salir”. Con 30 años, vive en una habitación en Coslada que puede permitirse pagar. Se está sacando el graduado escolar y su hija Esmeralda es la alegría de sus días. Pertenece, además, al proyecto “Invisibles” de Coslada, con el que ayuda a otras mujeres y hombres sin techo a salir de esta situación. 

Su historia era digna de ser recogida en el libro que escribió hace dos años: ‘Una vida de aprendizaje’. El dinero recaudado con cada venta va a parar a medicamentos y alimentos para otras personas sin hogar. Lo que más le llena ahora es dar el apoyo que a ella le hubiera gustado tener en esos momentos.

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