La educación contra los argumentos xenófobos y simplistas

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Fotografía: Refugiados en el polideportivo ‘Las Marinas’ de Tarifa/. Miguel Á. Ramirez

La ley del mínimo esfuerzo guía muchos de nuestros comportamientos es algo en lo que estaremos de acuerdo, especialmente cuando hablamos del esfuerzo físico. Ejemplos de esto los podemos encontrar en nuestras propias vidas a diario. ¿Pero es esta ley aplicable al pensamiento? ¿Pensamos lo que nos resulta más comprensible, lo que menos nos cuesta asimilar? ¿Lo que menos choca con los esquemas con los que analizamos nuestra realidad? Parece bastante congruente que así sea.

Cuando las redes sociales y los medios reflejan la llegada de inmigrantes que intentan cruzar a Europa, cada vez con más intensidad y frecuencia se leen comentarios xenófobos o racistas. Unas veces son abiertamente ofensivos (las menos, afortunadamente) otras, son argumentaciones simples que encajan en lo que antes señalábamos. Opiniones como “antes atender a los de aquí que a los que vienen” , “ muchos posibles terroristas pueden llegar bajo la apariencia de inmigrantes así que mejor no dejarles entrar” o “con el desempleo que tenemos como para que vengan buscando trabajo” entrarían en la categoría de fácilmente asimilables sin esfuerzo. Y claro, si no se contrarresta esto con ideas igualmente simples, la batalla está perdida. Pero ocurre que los movimientos migratorios no son algo fácil de analizar, no hay unas pocas causas que lo expliquen ni unas pocas consecuencias cuando suceden. Por eso, al leer comentarios tan categóricos como los anteriores, no puedo dejar de pensar en la ley del mínimo esfuerzo.

Nadie niega que la inclusión en una sociedad como la nuestra de personas con culturas tan distantes es compleja”

Por supuesto que nadie niega que la inclusión en una sociedad como la nuestra de personas con culturas tan distantes es compleja. Por ello, hasta cierto punto, se puede entender que haya quien ‘compre’ este discurso como propio.

Entonces, ¿qué alternativa tenemos para no acabar siendo una sociedad cerrada y hostil con los inmigrantes?: La educación desde muy pronto. Si no queremos adultos que se conformen con los argumentos más simples, que sean capaces de analizar el fenómeno desde múltiples puntos de vista, hay que educar desde pequeños, en la escuela, en las familias y en los medios. Hay que proporcionar las herramientas necesarias para que no nos quedemos con el “ya tenemos suficientes personas con problemas para que lleguen más” y se pueda sustituir por el “ la diversidad aumenta la riqueza de una cultura y ayuda a progresar económicamente a los países”.

Los movimientos migratorios no son algo fácil de analizar, no hay unas pocas causas que lo expliquen ni unas pocas consecuencias cuando suceden. Por eso, al leer comentarios tan categóricos, no puedo dejar de pensar en la ley del mínimo esfuerzo”

Somos muy novatos como sociedad receptora de migraciones, al menos en la historia moderna y nos queda mucho trecho que recorrer, pero si respondemos al reto con las estrategias adecuadas, conseguiremos llegar a ser una comunidad equilibrada y diversa.

Nacho Rodríguez Díaz, orientador del IES Almunia, Jerez (Cádiz).

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